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Cleo y el Mes de la Mujer

March 20, 2019

 

La galardonada película Roma y su personaje principal, Cleo magistralmente interpretado por Yalitza Aparicio (quien debió haber recibido el Oscar por su actuación -pero las malogradas políticas de igualdad racial de la Academia de Hollywood son tema para otra conversación), hablan de millones de servidoras domésticas que representa en la vida real Liboria Rodríguez, la nana del laureado director Alfonso Cuarón y que cuidó de él desde su más tierna infancia. Liboria “Libo” llegó al hogar de la familia Cuarón desde su natal estado de Oaxaca para ocuparse de la crianza de Cuarón y sus hermanos.

La película es una crítica mordaz a la desigualdad social que aún impera en el México de inicios del siglo 21 y que afecta a millones de trabajadoras domésticas, empleadas y en algunos casos casi esclavas invisibles que facilitan la vida a las familias para las cuales trabajan. Estas mujeres -y en ocasiones adolescentes menores de edad y hasta niñas- de bajos niveles de escolaridad no tienen acceso a trabajos mejor remunerados en las ciudades, además de ser víctimas de humillaciones, discriminación por su etnia y color de piel, y hasta de maltrato físico y abuso sexual. Dicho de otra manera, a pesar de que la muchas veces ingrata labor de las empleadas domésticas es considerada vital para innumerables familias, lastimosamente millones estas mujeres, vistas con desprecio: son simplemente “chachas”, “criadas”, “sirvientas” o en el peor de los casos “gatas”.
 
La película Roma bien podría también referirse a numerosas mujeres que emigran a Estados Unidos y que se emplean en el servicio doméstico ante la falta de documentos que acrediten su inmigración legal, conocimientos y habilidades para acceder a empleos mejor remunerados. En gran medida son mujeres que provienen de comunidades rurales a las que el desarrollo económico no ha llegado ni por asomo.

¿Quiénes son estas millones de Cleos? Son mujeres que usualmente viven con las familias para las que trabajan en un relegado cuarto de servicio y que desde tempranas horas deben dejar la casa prístina y en orden, la comida de la familia cocinada, servida y recogida después de que los empleadores y sus familias terminan de comer, los hijos atendidos y hasta llevados a la escuela, la ropa lavada y planchada y mucho más. Las trabajadoras domésticas hacen posible que millones de mujeres puedan salir a trabajar como empleadas asalariadas, servidoras públicas o como empresarias.

Si bien en Estados Unidos estas trabajadoras no suelen vivir en las casas en las que prestan sus servicios, viven en la sombra junto con millones de personas indocumentadas, amenazadas por el espectro de la deportación, temerosas de que empleadores abusivos las denuncien ante las autoridades migratorias ante la más mínima falta o error, real o  imaginario.  

Quienes se dedican al trabajo del hogar por excepción y no como regla gozan de los derechos de la salud como un seguro médico, a la pensión, al ahorro, a la alimentación, a vacaciones, aguinaldo, a horarios fijos o a la vivienda digna.

 


Este mes de la mujer celebro a las millones de “Cleos” que laboran en el servicio doméstico. Son mujeres que nos pueden dar una lección de resiliencia, ética laboral y tenacidad. También celebro a millones de mujeres que no cuentan con una empleada doméstica que las auxilie en sus labores y por lo cual ellas acaban realizando la mayor parte del trabajo doméstico en sus hogares, además de tener un empleo, estar auto-empleadas o ser dueñas de sus negocios con empleados bajo su mando. Antes de salir a trabajar comienzan a realizar labores domésticas, atienden a sus hijos y en las tardes o noches llegan cansadas a su hogar después de un largo día de trabajo para atender de nueva cuenta a sus familias y casa.

 

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